Nadie huye eternamente (1968)

Scobie Malone (Rod Taylor), un detective australiano, debe viajar a Londres para detener al Alto Comisario Sir James Quentin (Christopher Plummer), acusado de haber matado a su primera esposa. Sir Quentin admite el crimen, pero Malone sospecha que con esa confesión el caso no queda resuelto. Además,