Todos somos estrellas
Año 1974. Un anuncio en un periódico junta por azar a los hermanos Ramírez y a Roberto González. Unos, músicos virtuosos de conservatorio con áurea canallesca, otro, cantante de la calle no exento de la poesía más sublime, tratan de responder a lo largo de más de tres décadas a esta tramposa pregunt