Monte Carlo (1930)

La condesa Vera está a punto de contraer matrimonio con el estirado príncipe Otto, pero decide dejarle y se va a Montecarlo. Acude al casino, donde el conde Rudolph, hombre muy adinerado, se fija en ella. Le dice que, si le deja tocar su cabello, tendrá buena suerte en el juego. Ella se lo permite y